Arcontes

1

— Lena, ya sabes acerca de ese hombre, ¿verdad?

— Así es su alteza. Debemos encontrarlo.

La reina se levanta. Mira la gran sala ilumina por la claraboya. Esta muestra con tonos oscuros tres dragones, en el centro una mujer con un halo efulgente, casi mágico, contrastando con su pelo negro y sus escarlatas. Sus brazos se elevan, como si tratara de parar a esos monstruos. Alrededor de la escena, un abismo rojo, que aparentemente consume a esas bestias.

Baja de nuevo su mirada, ahora fija en Lena. — ¿Habéis conocido su nombre? Lena se acomoda el pomo de su espadón.

— Nada, apenas tenemos el rastro.

— Ese hombre, mago, lo que sea. Entiendo sus acciones; sin embargo, no puede actuar de por libre, no sin mi sanción. Seguir así solo erosiona mi imagen como soberana, nuestra imagen como dignos del poder y la decisión en nombre de los demás. — El vestido de la reina se mueve por la corriente del aire. Deja ver ligeramente por debajo sus botas, son más cómodas dice, pero con las filigranas pertinentes para no destacar para mal. — Ya tenéis la dirección Lena. Encontradle. Persuadidle. Que trabaje bajo el nombre de la corona.

— Mi señora. Me gustaría por un momento ser honesta y directa. ¿Me lo permite? La monarca suspira, su oscuro flequillo se desacomoda en su frente, quitándole algo de su rigidez. — Adelante, Lena.

— Me preocupa mi compañero San Drión. Entiendo que es un ferviente defensor de la corona; vehemente de la justicia, de la ley, de la norma. Y ante una negativa de servir de ese hombre, quizás las cosas se pongan violentas, y tengo miedo... miedo porque no sé en qué momento termina la persona y empieza el mito. Por qué las historias que le preceden hacen honor a esa fama.

— Entiendo tu preocupación, la comparto, no obstante, San Drión tiene la mira fija en él. Apartarle hará que se sienta... Quizás no menospreciado, pero prefiero evitar que entre en una espiral de autoflagelación. Y posiblemente una fractura en su opinión actual, si se revelase la razón.

— Como usted desee entonces.

— Y una advertencia antes de partir, diría que está muy cerca del mito, quizás ni siquiera sea eso, sino llanamente una realidad de su poderío que no deseamos aceptar, por eso deseo que lo busquéis, más allá que las cosas de palacio.

Sigue siendo un prototipo, tengan paciencia, muchas gracias.